martes, 1 de marzo de 2016
De deseos y amores.
El cuerpo arde, pero no el alma; los sentimientos han decidido dormitar.
Cuando la física y la química han jugado de la mano del amor, una vez realizado esta amable conexión, el alma no puede desistir ante esa necesidad primigenia.
A él, mi íntimo desconocido…
Sus lunares, son las estrellas de mi universo.
La total asimetría de nuestros cuerpos me incitan a estudiar cada poro de su ser a conciencia. El amor y el deseo caminan sonsacados por aquella sonrisa suya, tan lujuriosa como su mente. Amor o deseo, ¿Cuál elegir? Ni lo uno ni lo otro, mejor dicho, mejor pensado, quiero lo uno y lo otro.
Obsesivas repeticiones de recuerdos; de aquellos encuentros profundos con su ser.
El surco de la sonrisa que solía dedicarme, se ha borrado de su rostro, ya no me ama pero los sentidos no lo perciben. Reflejarme en sus pupilas se ha convertido en el espejo con aquella vocecita que tanto odio, por escupirme la realidad.
Después del amor, quedó la herida y la seducción de un lenguaje insaciable, que solo vuestra persona puede calmar.
Mi estómago se contrae y mis labios se hinchan al deleitarse de su intelecto. Voz y cuerpo son un complemento a la fisonomía de un dios griego, me ha hechizado. Su barba ya ha rozado otros cuerpos, pero ella considera y exige con vehemencia que debe posarse sobre mi vientre.
Ya no hay contacto sin desgarramiento. Ya no hay amor sin dolor.
Yo, gustosa de compartir espacio y tiempo con él, pero la vida no se encuentra contenta, de manera siniestra decide abofetearlo con un “sí quieres, puedes marcharte o si lo prefieres, quédate”. Sus pensamientos siguen hechos trizas, pero su cuerpo permanece inmóvil. Su moral quiere huir pero sigue aquí.
Lo quiero todo de tí. Te necesito aquí; conmigo.
Embriagados de locura, en una especie de reflejo por consumar nuestro amor y en honor a nuestra antigua relación, entramos a un hotel, pronto los amantes se miran y saben, que se pertenecen. La ebriedad que provocan las viejas caricias mandan al abismo a la amargura, en ellos la soledad se vuelve obscena. Los oscuros anhelos de que el pasado se reanude, los invade; ellos se saben, se temen, se reconocen, luchan y conciben transformar el odio, dolor y la nostalgia en abrazos, locura y besos. El resultado ha sido un encuentro frenético de dos almas; carcomidas por herida y la seducción; donde prevalece la metamorfosis del amor.
Hoy parece que nunca salimos de aquella habitación…
Después del amor, ¿El olvido? No.
Después del amor, seguiremos siendo nosotros, nadando por la vida como íntimos desconocidos. Nosotros porque aún a distancia seremos la sumatoria de “un tú y un yo”, íntimos porque aún seremos capaces con tan solo una mirada meternos en la piel de otro y sentirnos cerca, desconocidos porque viviremos creando nuevos recuerdos, sensaciones, en otros cuerpos, en otro tiempo y de diferentes formas, siempre estando en constante cambio, todo ello sin estar juntos y a pesar de la separación de nuestros cuerpos aún vivirás en mí y sin mí.
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