Cada que el cierre de ciclo se acerca me pasa algo curioso... un hormigueo me comienza en las entrañas e insiste en tirar de mi. Dicen que la sangre llama, ¿pero llama también el ombligo?.
El mío se quedó enterrado entre montes, allá donde la obsidiana esta siempre presente a cada paso y el sabor del aguamiel es conocido por los niños desde pequeños.
Allá donde aprendí a usar las figuras retóricas y a entender que no es lo mismo un atardecer nublado que el ocaso del sol despedido entre destellos purpúreos de nubes aborregadas.
Allá donde la fuente quedo en sustancia aunque su éter me siga en mi andar.
Mis dias hoy se acompañan del perfume del mar, pero siempre ese tironcito me dice que es tiempo de regresar a que el frío me purifique y me quite las telarañas de la cabeza.



