lunes, 28 de julio de 2014

De destierros y desarraigos.


Cada que el cierre de ciclo se acerca me pasa algo curioso... un hormigueo me comienza en las entrañas e insiste en tirar de mi.  Dicen que la sangre llama, ¿pero llama también el ombligo?.


El mío se quedó enterrado entre montes, allá donde la obsidiana esta siempre presente a cada paso y el sabor del aguamiel es conocido por los niños desde pequeños.

Allá donde aprendí a usar las figuras retóricas y a entender que no es lo mismo un atardecer nublado que el ocaso del sol despedido entre destellos purpúreos de nubes aborregadas.

Allá donde la fuente quedo en sustancia aunque su éter me siga en mi andar.

Mis dias hoy se acompañan del perfume del mar, pero siempre ese tironcito me dice que es tiempo de regresar a que el frío me purifique y me quite las telarañas de la cabeza.




martes, 22 de julio de 2014

Once upon a time...

Una de mis frases favoritas, como ávida lectora infantil el inicio de los cuentos de hadas clásicos siempre fueron el inicio de una aventura nueva.


Pero me gustaban los clásicos, en los que la sirenita termina convertida en espuma mientras el príncipe apático no le dedica ni un adiós.

O el príncipe feliz que termina como estatua enservible con una ave muerta a sus pies.
Así fue como entendí que el malo casi siempre tiene sus motivos y el bueno no siempre es tan perfecto.

También comprendí que lo mío no era sentarme a esperar que alguien llegara a despertarme con un beso o a medirme una zapatilla y fue ahí donde deje de leer cuentos de hadas.

Sin embargo, irremediablemente de tanto en tanto me traiciona el idealismo y comienzo a formar mundos maravillosos sobre nubes destinados a caerse en la primer llovizna.
Para una niña que nunca ha visitado un psicólogo, estos desahogos son la terapia ideal.

Pensamiento del día: Recuerda los Clásicos.