Una de mis frases favoritas, como ávida lectora infantil el inicio de los cuentos de hadas clásicos siempre fueron el inicio de una aventura nueva.
Pero me gustaban los clásicos, en los que la sirenita termina convertida en espuma mientras el príncipe apático no le dedica ni un adiós.
O el príncipe feliz que termina como estatua enservible con una ave muerta a sus pies.
Así fue como entendí que el malo casi siempre tiene sus motivos y el bueno no siempre es tan perfecto.
También comprendí que lo mío no era sentarme a esperar que alguien llegara a despertarme con un beso o a medirme una zapatilla y fue ahí donde deje de leer cuentos de hadas.
Sin embargo, irremediablemente de tanto en tanto me traiciona el idealismo y comienzo a formar mundos maravillosos sobre nubes destinados a caerse en la primer llovizna.
Para una niña que nunca ha visitado un psicólogo, estos desahogos son la terapia ideal.
Pensamiento del día: Recuerda los Clásicos.

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